1.03. Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó

"Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:16-19).

El razonamiento de Pablo es claro y directo. El dice que si nosotros tenemos esperanza solamente en esta vida, somos los más miserables de todos los hombres. Esta vida no es suficiente. Esta vida no es satisfactoria, aun en su mejor expresión.

Si toda la vida consistiera sólo en empezar bien, edificar un hogar, establecerse, lograr éxito material, alcanzar distinción social, pero ir a la tumba si esperanza de otra cosa en lo futuro, ¿no seríamos nosotros los seres más miserables? Las cosas más hermosas de la vida han quedado atrás.

Cuando Jesús estaba aquí, él habló mucho y a menudo acerca de la casa de su Padre celestial. Instó a sus seguidores a mirar allende la tumba y la muerte. Entonces, en una de las demostraciones más profundas y milagrosas de todos los tiempos, entregó su própia vida, y al tercer día se levantó de los muertos.

En ese momento el poder de la muerte fue quebrantado. Y, ahora, por primera vez en la historia humana, surgió en el corazón del hombre la viva convicción de que su más cara esperanza, por largo tiempo acariciada, al fin habia llegado a materializarse.

¡Podremos llegar a ver de nuevo a nuestros seres queridos muertos, y podremos amarlos otra vez!

El profeta Isaias, hace muchos siglos, había dejado registrada la misma verdad:

"Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos" (Isaias 26:19).

Isaias, observando a través de los siglos, declaró que esta era un certidumbre. Pero Jesús hizo más que esto. Jesús lo demostró.

Este es un hecho indiscutible, y sobre él el apóstol Pablo edifica su más poderoso argumento para infundir esperanza en los hombres y mujeres atribulados hasta el fin del tiempo. "Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó".

¿Crees que Jesús resucitó de los muertos? Por cierto que lo crees, si eres cristiano. Siendo esto así, recuerda esto: ¡La resurrección de tus seres amados es tan segura como la resurrección de Cristo!