1.04. La Resurrección - I

El efecto final del pecado es la muerte: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23), y "todos pecaron" “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23); la salvación del pecado es la vida eterna:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Juan 3:14-17).

Pero una vez que ocurrió la muerte, debe haber una resurrección de los muertos, para que el que encontró la liberación del pecado mediante Jesucristo pueda tener vida eterna. Por ello, el cristiano devoto pone la mira en la "esperanza de la vida eterna" prometida "antes del principio de los siglos" (Tito 1:2; cf 3:7).

Por cuanto no se la explícita en ninguno de los 5 libros de Moisés, los saduceos rechazaron la doctrina de la resurrección: “Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron” (Mateo 22:23). Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas” (Hechos 23:8).

Los fariseos y otros judíos generalmente creían en "una resurrección de los muertos, así de justos como de injustos" (Hechos 24:15; cf 23:6-8).

Aunque está mencionada implícitamente, y algunas veces también explícitamente

“¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos” (Job 14:13-15).

“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27)

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmos 16:11).

“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Salmos 17:15).

"Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo” (Salmos 49:15).

“Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Salmos 73:24).

“Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos" (Isaias 26:19).

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para verg:uenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2).

no fue hasta tiempos del NT cuando la resurrección de Jesucristo hizo de la doctrina una realidad concreta, y la enseñanza sobre este importantísimo tema llegó a ser clara y completa (1 Corintios 15:3-56; 1 Tesalonicenses 4:13-17; Apocalipsis 20:4-6, 11-15; cf Mateo 22:23-33; Juan 5:25-29; 11:23-26).

En realidad, sin la esperanza de la resurrección, todo el andamiaje de la fe cristiana se desploma:

"Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:14-19).