1.08. Yo creo en la resurrección, pero...

Uno de los incidentes más fascinadores que hallamos en los anales de una generación pasada tiene que ver con la notable conversión de dos grandes hombres que eran considerados escépticos. Uno era el eminente Gilbert West; el otro, Lord Lyttelton, el famoso jurista inglés.

Estos dos hombres concordaron en que el cristianismo debía ser destruído. Pero también estuvieron de acuerdo en que para destruirlo, se necesitaban dos cosas. Debian ellos refutar la resurrección, y debían eliminar la conversión del apóstol Pablo.

Se dividieron la tarea entre ellos. West asumió la responsabilidad de la resurrección y Lyttelton se hizo cargo de la experiencia del camino a Damasco.

Debían tomarse suficiente tiempo: un año o más si era necesario. Pero cuando se encontraron de nuevo para comparar mutuamente los resultados, ambos habían llegado a ser fuertes y devotos cristianos, y cada uno de ellos daba testimonio del cambio notable que el Cristo resucitado había obrado en su vida.

He descubierto que si hay algo que perturba al escéptico, probablemente no sean los argumentos, por consistentes que resulten. Mas bien, es el grado de convicción personal de un auéntico cristiano, y esa convicción depende de la realidad de una consagración personal al Señor resucitado.

Tal vez estás pensando: "Yo creo en la resurrección. Pero estoy confundido. ¿Que ocurre en ocasión de la muerte?

Permiteme llevarte al texto más sencillo en todas las Escrituras relativo a lo que ocurre en ocasión de la muerte.

"Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio" (Eclesiastés 12:7).