1.10. El alma - combinación de cuerpo y aliento

Vamos a ilustrarlo. Supongamos que tenemos aquí una pila de tablas y un montón de clavos. Esto es todo lo que tenemos: solamente una cantidad de tablas y una cantidad de clavos. Tomamos ahora estas tablas y las clavamos las unas a las otras. Ya no tenemos una pila de tablas y un montón de clavos: tenemos ahora un cajón.

¿De dónde vino este cajón? "Oh -dirás-, no vino de ninguna parte. Es sencillamente la unión de las tablas y de los clavos". Tienes razón.

Supongamos que ya no queremos tener el cajón, de manera que extraemos los clavos y los amontonamos, y volvemos a colocar las tablas una sobre la otra. ¿Adónde fue ahora el cajón? Dirás: "No fue a ninguna parte. Sencillamente dejó de existir como cajón". Y tienes razón otra vez. Las tablas todavía están. Los clavos allí están. Pero no habrá ningún cajón hasta que los dos elementos sean unidos de nuevo.

De esta misma forma, en el comienzo, Dios formó al hombre de dos cosas: el polvo de la tierra, y el aliento de vida. Como resultado de la unión de estos dos factores, el hombre llegó a constituir un ser vivo, que ama, que piensa, que actúa. Cuando muere, los dos elementos se separan. El alma o ser vivo, que ama, que piensa, que actúa - combinación de cuerpo y aliento - no va a ninguna parte. Sencillamente pierde su caracter de ser conciente hata el día de la resurrección, cuando el cuerpo y el aliento vuelven a unirse.

La Biblia no enseña que el hombre existe entre la muerte y la resurrección: establece que está durmiendo. Esto es bíblico.