1.13. ¡Aquí está nuestra esperanza!

¿Te ayuda lo explicado anteriormente a entender el deseo del apóstol Pablo de "partir y estar con Cristo? Algunos se han visto confundidos por estas palabras, y han interpretado que significaban que él esperaba estar con Cristo inmediatamente después de su muerte. ¿Pero fue así? Escuchad las palabras triunfantes del apóstol al llegar al fin de su vida:

"Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida" (2 Timoteo 4: 6-8).

El tiempo de su partida, su muerte, estaba cerca. Pero, ¿cuándo esperaba él recibir su recompensa? EN AQUEL DÍA, junto con todos los salvados. ¿Cuándo esperaba estar con Cristo? EN SU VENIDA. Pablo sencillamente estaba pasando por alto el lapso de tiempo - que parecería sólo un momento -, que lo separaba del día de la resurrección. Esa era su esperanza.

Cuando el cristiano muere, puede saber que, en la mañana de la resurreción, su vida no solamente será restaurada, sino que recibirá vida inmortal.

Aquí están los interesantes detalles: "He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad" (1 Corintios 15: 51-53).

"Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras" (1 Tesalonicenses 4: 16-18).

Te pregunto: ¿Podría haber alguna noticia mejor, algún consuelo mayor? Imagina la escena. El Hijo de Dios, atravesando la bóveda celeste, tachonada de estrellas, desciende asistido por miríadas de ángeles. Y entonces llama con voz de trueno: "Despertaos, vosotros que dormís en el polvo de la tierra. Despertaos a vida eterna". ¡Y tu ser amado también lo escuchará!

¡Esa voz que llama a nuestros seres amados muertos será escuchada en toda la tierra! Las familias serán reunidas. Los niños arrebatados por la muerte serán puesttos de nuevo en los brazos de sus madres. ¡Qué reunión maravillosa!

¿Qué significa para ti? ¿Qué significa para mí? SIGNIFICA QUE EXISTE ALGO MEJOR MÁS ALLÁ DE ESTE MUNDO PRESENTE.

Piensa en lo que ese día significará para los tullidos, para los ciegos, para los que habían sido debilitados por la enfermedad, para las mentes confundidas por el temor. Dios dice: "Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad" (Isaías 35: 5, 6).

Pero piensa en lo que significará para los sanos y los fuertes, para los que aman la vida y quieren vivir. La muerte podría ser deseable para una persona tullida, enferma o con mucho dolor. Pero para los fuertes y los jóvenes, la muerte sólo puede significar esperanzas frustradas, desilución, ambiciones destrozadas.

Sin embargo, aquí está la respuesta al aguijón de la muerte. No se halla en los descubrimientos de la ciencia, en las exploraciones del espacio exterior, ni en nada que el hombre pueda hacer, sino en la promesa de la resurrección hecha por Aquel que demostró lo que podía hacer: ¡Aquí está nuestra esperanza!