3.04. Pues son espíritus de demonios, que hacen señales
3.03. No a la muerte sino en la mañana de la resurrección
3.02. Los muertos nada saben
De hecho, toda la estructura del cristianismo descansa sobre la resurrección de Cristo Jesús de los muertos y la resurrección de sus seguidores en el día final.
Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra;
"Los muertos nada saben".
3.01. ¿Vienen los muertos de vuelta al mundo de los vivos?
No volverá más a su casa,
3.00. ¿Pueden los muertos comunicarse con los vivos? - Introducción
2.09. ¡No darás oído a las palabras de tal profeta!
2.08. ¡NO TODOS LOS MILAGROS SON NECESARIAMENTE DE DIOS!
2.07. ¿Hoy estarás conmigo en el paraíso?
και ειπεν αυτω αμην σοι λεγω σημερον μετ εμου εση εν τω παραδεισω
2.06. Mensaje para los "mortales"
2.05. Rastreando la senda de la intriga
2.04. Inmortalidad - αθανασια
2.03. Inmortal - αφθαρτος
(1) "Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible [αφθαρτου aphthartou - gen. sing.] en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles" (Romanos 1: 23). Dios incorruptible X hombre corruptible [φθαρτος phthartos].
(6) "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible [αφθαρτου aphthartou - gen. sing.], por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Pedro 1: 23). Simiente incorruptible X simiente corruptible [φθαρτος phthartos].
(7) "Sino el interno, el del corazón, en el incorruptible [αφθαρτω aphthartô - dat. sing.] ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios" (1 Pedro 3: 4). Se refiere al adorno intrínsico o de la personalidad, el caracter incorruptible -el manto de la justicia divina- que Cristo promete impartir a todos los que lo aceptan por fe.
2.02. ¿Daría Dios a su Hijo para salvar de la muerte a una raza de personas que no pueden morir?
2.01. El diablo dijo: "No moriréis " y "seréis como Dios "
2.00. La Senda de la Intriga - Introducción
¿Quién es el agente secreto de la rebelión que habla a través de la serpiente? Jesús dice que cayó del cielo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lucas 10:18).
¿Estamos tratando con un monstruo de dos cuernos, de tez roja y con una horquilla en la mano? No. Tal caricatura, traída desde la Edad Media, ha hecho que más de un hombre rechazara completamente y con disgusto la idea entera de una personalidad malvada.
Antes bien, estamos tratando con un ser inteligente que estuvo una vez en el cielo, y que cayó de allí.
¡Qué revelación! Lucifer, el hijo de la mañana, uno de los intelectos más brillantes de todo el universo: és és Satanás. Éste es el diablo. Éste es la fuente de mal, de todos los problemas.
Ezquiel lo describe de esta suerte:
1.13. ¡Aquí está nuestra esperanza!
1.12. "Nuestro amigo Lázaro duerme"
1.11. Hasta el día de la resurrección
Pero ahora permíteme que te haga una pregunta: ¿Por qué necesitaríamos una resurrección si, como algunos creen, ya hemos ido al lugar de nuestra recompensa al morir? Si estuviéramos gozando la felicidad del hogar de los salvados, ¿querría Dios que regresáramos a la tumba para poder ser llamados de nuevo en la hora de la resurrección?
1.10. El alma - combinación de cuerpo y aliento
1.09. El espíritu que vuelve a Dios
1.08. Yo creo en la resurrección, pero...
Uno de los incidentes más fascinadores que hallamos en los anales de una generación pasada tiene que ver con la notable conversión de dos grandes hombres que eran considerados escépticos. Uno era el eminente Gilbert West; el otro, Lord Lyttelton, el famoso jurista inglés.
Estos dos hombres concordaron en que el cristianismo debía ser destruído. Pero también estuvieron de acuerdo en que para destruirlo, se necesitaban dos cosas. Debian ellos refutar la resurrección, y debían eliminar la conversión del apóstol Pablo.
Se dividieron la tarea entre ellos. West asumió la responsabilidad de la resurrección y Lyttelton se hizo cargo de la experiencia del camino a Damasco.
Debían tomarse suficiente tiempo: un año o más si era necesario. Pero cuando se encontraron de nuevo para comparar mutuamente los resultados, ambos habían llegado a ser fuertes y devotos cristianos, y cada uno de ellos daba testimonio del cambio notable que el Cristo resucitado había obrado en su vida.
He descubierto que si hay algo que perturba al escéptico, probablemente no sean los argumentos, por consistentes que resulten. Mas bien, es el grado de convicción personal de un auéntico cristiano, y esa convicción depende de la realidad de una consagración personal al Señor resucitado.
Tal vez estás pensando: "Yo creo en la resurrección. Pero estoy confundido. ¿Que ocurre en ocasión de la muerte?
Permiteme llevarte al texto más sencillo en todas las Escrituras relativo a lo que ocurre en ocasión de la muerte.
"Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio" (Eclesiastés 12:7).
1.07. La Resurrección - IV
El gran capítulo sobre el tema en el NT se encuentra en 1 Corintios 15.
Allí Pablo trata extensamente acerca de su certeza y su importancia vital en la creencia y la fe cristianas (vs 1-22), de la época del suceso (v 23), y de la forma (vs35-56).
Comienza su estudio enumerando los testigos de la resurrección de nuestro Señor (vs 4-8), y sigue mostrando que el evangelio de Cristo sería totalmente vano y la fe cristiana también vana (v 14) "si Cristo no resucitó" y "si no hay resurrección de los muertos" (vs 14, 13).
Afirma que los justos vuelven a la vida sobre la base de la anterior de Cristo, siendo aquello tan seguro como ésta (vs 13-22).
"Los que son de Cristo" serán "vivificados" "en su venida" (vs 23, 22).
Afirma que el cuerpo resucitado será un "cuerpo espiritual", que diferirá en ciertos aspectos esenciales de nuestro cuerpo actual, pero que de todos modos será real (vs 35-44, 49, 50).
En los vs 51-54 enseña que el cambio de mortalidad a inmortalidad ocurrirá en la resurrección y será instantáneo.
Juan el Revelador habla de que los justos muertos vuelven a la vida y reinan con Cristo durante 1.000 años (Apocalipsis 20:4-6), y que los impíos muertos resurgen al final del milenio (vs 5, 12, 13) para comparecer en el juicio ante Dios (vs 11, 13, 15).
1.06. La Resurrección - III
La certeza de la resurrección de Cristo dio poder y precisión a la predicación del evangelio (cf. Filipenses 3:10, 11).
Pedro afirmó que "la resurrección de Jesucristo de los muertos" produce "una esperanza viva" en los creyentes (1 Pedro 1:3).
Los apóstoles se consideraron ordenados para ser testigos "de su resurrección" (Hechos 1:22), y basaron sus enseñanzas de ella sobre las predicciones mesiánicas del AT (Hechos 2:31).
Fue su conocimiento personal de "la resurrección del Señor Jesús" lo que dio "gran poder" a su testimonio (Hechos 4:33).
Los apóstoles despertaron la oposición de los dirigentes judíos cuando salieron a predicar "en Jesús la resurrección de entre los muertos" (Hechos 4:2).
Para los filosóficos griegos la idea de una "resurrección de los muertos" era locura (Hechos 17:18, 32).
Cuando fue llevado ante el Sanedrín, Pablo declaró que por causa de su "esperanza y de la resurrección de los muertos" se lo juzgaba (Hechos 23:6; cf. 24:21).
A los romanos, Pablo escribió que Jesucristo fue "declarado Hijo de Dios con poder... por la resurrección de entre los muertos" (Romanos 1:4).
En el bautismo, explicó, el cristiano da testimonio de su fe en la resurrección de Cristo (Romanos 6:4, 5).
1.05. La Resurrección - II
La declaración de Isaías: "Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán" (Isaias 26:19), es la 1ª declaración clara y sin ambigüedades con respecto a la resurrección como tal, aun cuando Job, mucho antes, había esperado con fe y esperanza este gran evento (Job 14:13-17; 19:25-27).
La 1ª afirmación explícita de que algunos impíos, por lo menos, como también algunos justos, se levantarán de la muerte se encuentra en Daniel 12:2. "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua".
Comparado con el NT, el AT tiene pocas y muy breves referencias al tema, sin duda porque esta gran verdad no fue claramente comprendida antes que la resurrección de nuestro Señor demostrara la posibilidad y la realidad de la resurrección. Jesús siempre destacó en sus enseñanzas la vida futura como premio por el bien hacer:
"Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mateo 16:27).
"Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su zquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna" ((Mateo 25:31-46).
Al dirigirse a un fariseo explicó que la recompensa por un interés compasivo ante las necesidades de sus semejantes la concretaría Dios "en la resurrección de los justos" (Lucas 14:12-14).
Hablando a algunos dirigentes judíos declaró que vendría la hora en que "los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que la oyeren vivirán" (Juan 5:25).
En realidad, "todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28, 29).
1.04. La Resurrección - I
El efecto final del pecado es la muerte: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23), y "todos pecaron" “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23); la salvación del pecado es la vida eterna:
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Juan 3:14-17).
Pero una vez que ocurrió la muerte, debe haber una resurrección de los muertos, para que el que encontró la liberación del pecado mediante Jesucristo pueda tener vida eterna. Por ello, el cristiano devoto pone la mira en la "esperanza de la vida eterna" prometida "antes del principio de los siglos" (Tito 1:2; cf 3:7).
Por cuanto no se la explícita en ninguno de los 5 libros de Moisés, los saduceos rechazaron la doctrina de la resurrección: “Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron” (Mateo 22:23). “Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas” (Hechos 23:8).
Los fariseos y otros judíos generalmente creían en "una resurrección de los muertos, así de justos como de injustos" (Hechos 24:15; cf 23:6-8).
Aunque está mencionada implícitamente, y algunas veces también explícitamente
“¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos” (Job 14:13-15).
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27)
“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmos 16:11).
“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza” (Salmos 17:15).
"Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo” (Salmos 49:15).
“Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Salmos 73:24).
“Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos" (Isaias 26:19).
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para verg:uenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2).
no fue hasta tiempos del NT cuando la resurrección de Jesucristo hizo de la doctrina una realidad concreta, y la enseñanza sobre este importantísimo tema llegó a ser clara y completa (1 Corintios 15:3-56; 1 Tesalonicenses 4:13-17; Apocalipsis 20:4-6, 11-15; cf Mateo 22:23-33; Juan 5:25-29; 11:23-26).
En realidad, sin la esperanza de la resurrección, todo el andamiaje de la fe cristiana se desploma:
"Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:14-19).
1.03. Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó
"Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:16-19).
El razonamiento de Pablo es claro y directo. El dice que si nosotros tenemos esperanza solamente en esta vida, somos los más miserables de todos los hombres. Esta vida no es suficiente. Esta vida no es satisfactoria, aun en su mejor expresión.
Si toda la vida consistiera sólo en empezar bien, edificar un hogar, establecerse, lograr éxito material, alcanzar distinción social, pero ir a la tumba si esperanza de otra cosa en lo futuro, ¿no seríamos nosotros los seres más miserables? Las cosas más hermosas de la vida han quedado atrás.
Cuando Jesús estaba aquí, él habló mucho y a menudo acerca de la casa de su Padre celestial. Instó a sus seguidores a mirar allende la tumba y la muerte. Entonces, en una de las demostraciones más profundas y milagrosas de todos los tiempos, entregó su própia vida, y al tercer día se levantó de los muertos.
En ese momento el poder de la muerte fue quebrantado. Y, ahora, por primera vez en la historia humana, surgió en el corazón del hombre la viva convicción de que su más cara esperanza, por largo tiempo acariciada, al fin habia llegado a materializarse.
¡Podremos llegar a ver de nuevo a nuestros seres queridos muertos, y podremos amarlos otra vez!
El profeta Isaias, hace muchos siglos, había dejado registrada la misma verdad:
"Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos" (Isaias 26:19).
Isaias, observando a través de los siglos, declaró que esta era un certidumbre. Pero Jesús hizo más que esto. Jesús lo demostró.
Este es un hecho indiscutible, y sobre él el apóstol Pablo edifica su más poderoso argumento para infundir esperanza en los hombres y mujeres atribulados hasta el fin del tiempo. "Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó".
¿Crees que Jesús resucitó de los muertos? Por cierto que lo crees, si eres cristiano. Siendo esto así, recuerda esto: ¡La resurrección de tus seres amados es tan segura como la resurrección de Cristo!
1.02. "Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?
Existen varias opiniones - opiniones sinceras - en cuanto a la condición del hombre en la muerte.
Algunos dicen que si un hombre bueno muere, su alma va inmediatamente al cielo; que si un hombre malo muere, va inmediatamente al infierno de fuego.
Otros dicen que esto no es completamente cierto. Dicen que, cuando un hombre muere, se detiene en un lugar llamado purgatorio para su purificación.
Hay muchos que creen - también sinceramente - que, cuando el hombre muere, duerme en forma silenciosa hasta el día de la resurección.
Inmediatamente puede verse que no es posible que todas estas opiniones sean correctas, pues son contradictorias.
Y por cierto que un hombre que está de este lado de la puerta no puede saber por si mismo lo que existe en la tumba o en el más allá.
Es comprensible, pues, que haya mucha confusión en este aspecto. Porque la muerte, por desgracia, sencillamente no puede someterse a experimentaciones en un tubo de ensayo.
He investigado la mayor parte de las teorías de los hombres respecto de la muerte y al más allá. He visto las tentativas de la teosofía de amalgamar las religiones más importantes en un esfuerzo por hallar la respuesta.
He investigado las religiones místicas del oriente y sentido la fascinación de sus exhortaciones.
El hombre no se olvida rapidamente de la desesperación que se nota en los rostros de los que lloran por un muerto. Tampoco se olvida de la confusión y la desesperación que revelan aquellos a quienes se les enseñó a decir: "No hay muerte", y sin embargo, lloran la muerte de algún ser querido.
He observado el crecimiento de las ciencias ocultas, - que han aprovechado plenamente la oportunidad que ha significado el aumento de las muertes causadas por el terrorismo, guerras, accidentes y desastres naturales, - durante los años recientes.
Además he estudiado las doctrinas de las diversas iglesias, he hablado con muchas personas y he examinado mis propios conceptos. Y, tengo que reconocer, en este sector del conocimiento es muy facil llegar a un punto tremendamente peligroso.
De manera que me vuelvo al más seguro de todos los terrenos que conozco, a la Palavra del Dios viviente, con sus preguntas sencillas y sus respuestas lógicas.
Y una de las preguntas más antiguas que alguna vez se haya formulado está registrada en el libro de Job capítulo 14, versículo 14: "Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?
Y el apóstol Pablo, ese genio intelectual de la fé cristiana, presenta la respuesta de una manera tan sencilla que nadie puede dejar de entenderlo:
"Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:16-19).
1.01. Entrevista con el Soldado Desconocido
Largas horas, silenciosas. Los centinelas montan su guardia muda, junto a la tumba del Soldado Desconocido.
Si el Soldado Desconocido pudiera hablar, ¿que nos diria de lo desconocido? ¿Está él conciente del cámbio de la guardia? ¿Se da cuenta del honor que se ha tributado a su memoria a través de los años, con respeto y en silencio?
¿Existe alguna clase de teléfono psíquico por médio del cual podamos hablar con esta víctima tan honrada de la guerra?
Y si algún habil reportero periodístico arreglara una entrevista exclusiva, ¿dónde la realizaría? ¿Habría que establecer las cámaras de televisión en el cielo para una entrevista semejante? ¿O sería el purgatório el lugar de reunión? No quisiera considerar el infierno como un lugar posible para la cita.
¿Sintonizaríamos nuestra rádio para captar voces lejanas de espíritus y nuestro televisor mostraría imágenes huidizas y cinematográficas de otra esfera?
¿Tendríamos que visitar la sala de sesiones espiritistas, o el gabinete del hipnólogo, o aun un club de los platos voladores para sintonizar nuestro aparato?
¿O podría ser que la entrevista no se pudiera realizar en absoluto, en vista de que nuestro Soldado Desconocido se hubiera deslizado silenciosamente para sumergirse en el olvido de la nada?
Preguntas como éstas, especialmente cuando surgen a raíz de la muerte de nustros propios seres amados, revolotean en el fondo de la mente durante todo el tiempo de nuestra vida y se hacen más insistentes con el peso de los años.
¿Existe alguna respuesta satisfactoria?
Estas son preguntas seculares:
¿Dónde están nuestros amados muertos? ¿Regresarán a nosotros alguna vez? ¿Hay algo mejor más allá de este mundo de angustiosas despedidas?


