1.09. El espíritu que vuelve a Dios

"Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio" (Eclesiastés 12:7).

Acá tenemos una descripción de lo que ocurre con el hombre cuando muere. Pero se levanta naturalmente la pregunta: ¿Qué es ese espíritu que regresa a Dios?

Las palabras del apóstol Santiago pueden ayudarnos a entenderlo:

"Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta" (Santiago 2:26). El espírito, entonces, es lo que mantiene el cuerpo vivo.

Algunas Biblias tienen una acotación marginal en la cual explican que la palabra "espíritu" puede ser traducida también por "respiración". Pues el cuerpo sin la respiración o el aliento está muerto.

Las dos palabras, "aliento" y "espíritu se usan indistintamente en las Escrituras. Job 27:3 dice en la Versión Moderna: "Mientras tanto que mi espíritu esté dentro de mí, y haya hálito de Dios en mis narices... "

El espíritu que un hombre recibe de Dios y que vuelve a Dios cuando muere, es lo que Dios pone en sus narices.

Volvamonos ahora pues al relato de la creción del hombre. ¿Qué puso Dios en las narices del hombre?

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7).

Dios insufló en la nariz del hombre en ocasión de la creación el aliento de vida. Luego, en ocasión de la muerte, la chispa o el aliento o el espíritu de vida regresa a Dios quien lo dio. Es el proceso inverso de la creación.

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra".

¿Describiremos al hombre tal como salió de las manos de su Creador?

Allí está: completo con todas sus partes. Tiene un cerebro en la cabeza listo para pensar, pero no piensa. Hay sangre en las venas lista para fluir, pero no fluye. Tiene un corazón en el pecho listo para latir, pero no late. Está listo para vivir, para amar, para actuar, peo no vive, no ama, no actúa todavía.

"Y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente".

Desde ese momento el hombre poseyó una identidad, una personalidad, un carácter. El hombre llegó a ser "alma viviente", según la antigua versión de Valera, o un "ser viviente", segun la versión revisada.

Luego, cuando el hombre muere, de acuerdo con Eclesiastés 12:7, el polvo vuelve a la tierra como era, y el espíritu de vida, o aliento de vida, sea que se trate de um hombre santo o pecador, regresa a Dios quien lo dio. La identidad no está perdida. El carácter está preservado. La personalidad está segura en las manos de Dios. Pero el hombre deja de estar conciente, porque la unión del cuerpo y el aliento - unión que da vida y que la mantiene - ha sido quebrantada.

En otras palabras, si la unión del polvo de la tierra y el aliento de vida produce un ser viviente, ¿qué le ocurre a ese ser o a esa alma viviente cuando estos dos elementos son separados en ocasión de la muerte?

Cualquiera puede ver que el hombre deja de existir como un ser viviente hasta que el Autor de la vida reúna de nuevo los dos elementos en el dia de la resurrección.