2.05. Rastreando la senda de la intriga

El mito de la inmortalidad natural del hombre es el más difundido y persistente que el mundo haya conocido. Su continuidad nunca ha sido quebrada. Se extendió desde las puertas del Edén hasta las naciones paganas a medida que éstas fueron desarrollandose. Y luego el espiritismo en sus diversas formas comenzó a dominar los cultos de esas naciones, que no conocieron a Dios.

El creer en la persistencia del alma, el estado conciente del espíritu después de la muerte, llegó a ser parte integrante de la estructura pagana. Cultos y encantamientos, nigromancia y hechicería, espíritus familiares y adivinación, todo ello proliferó en el paganismo.

Bajo la civilización griega este concepto de inmortalidad alcanzó su pináculo de desarrollo. Desde Grecia se transmitió a la iglesia judía en los últimos siglos antes de Cristo, y del judaísmo, más tarde, a las iglesias cristianas de los primeros siglos. Entonces sigue el largo silencio de la Edad Media, y no fue sino hasta los días de la Reforma cuando esta falsa enseñanza resultó ampliamnete expuesta. Martín Lutero la denominó una fábula monstruosa.

La senda de la intriga corre a través de todas las religiones orientales. La hallamos en el pensamiento hindú, en todos los cultos orientales, en la teosofía; y la encontramos penetrando hondamente en varias adaptaciones occidentales. La doctrina de la reencarnación es, por supuesto, la misma doctrina de la inmortalidad bajo otro aspecto.

Fue en el siglo XIX cuando el espiritismo irrumpió en los Estados Unidos, comenzando en 1848 con los "golpes de Hydesville". Estas comunicaciones toscas fueron al comienzo consideradas mayormente como fraude y triquiñuela. Había golpes misteriosos, mediums, sesiones espiritistas, tablas de escritura espiritista, mesas que se movían y cosas por el estilo.

Pero hacia 1893 el espiritismo dio un vuelco para colocarse sobre una base religiosa, y se denominó una iglesia. Luego, después de actuar por varias décadas en esta forma, asumió un aspecto más "científico", para ponerse a tono con la marcha de los tiempos.

Afirma Alson J. Smith: "La investigación psíquica invadió el campo de la ciencia prendida a la psicología, y cuando se introdujo allí cambió su nombre em 'parapsicología' (un estudio de los fenómenos que trasciendem el ámbito actual de la psicología)" Inmortality, the Scientific Evidence, [Inmortalidad, la evidencia científica] pág. 138).

Y ahora, bajo un control de laboratorio, se pretende que los fenómenos psíquicos son pesados, medidos, contados, disecados y tabulados para la mente que duda.

Es una senda larga y tortuosa. Pero en todas partes se hacen evidente dos rasgos: "No moriréis" y "seréis como Dios". El astuto general rebelde presenta su caso de muchas maneras, bajo diversos rótulos. Pero a través de los siglos sus blancos siguen siendo claros. No hay muerte, dice el diablo. Y hay una chispa de divinidad dentro del hombre.